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La inteligencia artificial está irrumpiendo con cada vez más fuerza en multitud de ámbitos y sectores laborales, y en la vida diaria de muchos de nosotros. Simplemente al navegar por internet, ya se utiliza para estudiar nuestros hábitos y comportamientos, se analiza lo que compramos, … para poder ajustarse a nuestros gustos y ofrecernos publicidad de productos que puedan interesarnos.

Podríamos definir la inteligencia artificial (IA) como la inteligencia llevada a cabo por máquinas, cuando una máquina imita las funciones cognitivas que los humanos asocian con otras mentes humanas, como por ejemplo aprender y resolver problemas.​ Andreas Kaplan y Michael Haenlein definen la inteligencia artificial como “la capacidad de un sistema para interpretar correctamente datos externos, para aprender de dichos datos y emplear esos conocimientos para lograr tareas y metas concretas a través de la adaptación flexible”.

Grandes empresas, como Facebook, Tesla, Google o Huawei (por poner sólo algunos ejemplos), están implementando el uso de la inteligencia artificial en sus productos.

Vamos a ver algunos de los principales usos que tiene la IA actualmente:

Asistentes virtuales: sirven para ayudar a resolver consultas y realizar determinadas acciones. El uso de la IA permitirá una comunicación más fluida con estos asistentes, usando un lenguaje cada vez más natural, así como una mayor eficiencia y rapidez de respuesta.

Conducción autónoma: los vehículos autónomos se apoyan en el deep learning, la rama ”compleja” de la inteligencia artificial para aprender sobre la marcha por dónde circular y los objetos y señales que se encuentran a su paso. Todo esto se procesa y se comparte, consiguiendo que el vehículo sea cada vez más “inteligente”.

En el campo de la salud, la IA se aplica en el diagnóstico de enfermedades.

En el ámbito de la educación, se utiliza para optimizar la formación, mediante el examen de los datos para encontrar patrones que ayuden a identificar qué lecciones son efectivas y cuáles necesitan mejorar. También se está desarrollando la robótica educativa, utilizando robots para actuar como tutores en cursos virtuales. Así mismo, cada vez es más común la utilización de agentes de software conversacionales inteligentes (chatbots), que actúan como profesor, estudiante o tutor en entornos virtuales de formación.

Uno de los usos más frecuentes que se le da actualmente a la IA es ayudar a los teléfonos móviles a realizar mejores fotografías, sobre todo en condiciones de baja luz. También se utiliza para el enfoque automático de objetos con una mayor precisión.

Reconocimiento facial en tiempo real: en algunos países, como China y el Reino Unido, la policía utiliza cámaras especiales que permiten reconocer a la población y encontrar delincuentes.

En algunos videojuegos, desde hace tiempo se está probando una inteligencia artificial avanzada, que toma patrones de jugadores reales para que, cuando juguemos offline, vivamos, por ejemplo, carreras más realistas con comportamientos erráticos en los vehículos y fallos ”humanos”.

La IA también se utiliza para encontrar malware. Gracias al aprendizaje de las máquinas (machine learning), Google filtra el correo para detectar SPAM o algún tipo de malware. Con cada acción, el sistema aprende, toma decisiones y hace predicciones, lo que permite que podamos navegar de forma más segura por nuestro correo.

Para traducir de otros idiomas, la IA se usa para que los sistemas de traducción aprendan, y cada vez se utilicen más expresiones humanas, una semántica más correcta y hasta frases hechas de uso cotidiano.

Otros usos de la IA serían la automatización de procesos en fábricas, para predecir donde ocurrirán réplicas de terremotos, para crear videos con imágenes muy verosímiles, para cartografiar el espacio celeste mediante un algoritmo, etc…

Aunque sólo nos hemos detenido en algunos de los usos que se le pueden dar a la inteligencia artificial, vemos que éstos son múltiples y de gran relevancia, y sin duda seguirán creciendo en número y en importancia con el paso del tiempo, hasta convertirse en algo cotidiano y común en el día a día de las personas.